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Por lo general pensamos que el agua no
se va a terminar nunca, porque su cantidad se mantiene constante debido al
“ciclo” que se produce.
Lo que no siempre se tiene en cuenta es que, una pequeñísima porción de las
aguas del mundo, las aguas dulces, es la que podemos utilizar. Además que
cada día somos más, por lo que se utiliza más cantidad, se ensucia más y se
derrocha más agua. De este modo llegará un momento en que nos va a faltar.
Abriremos una canilla y… nada.
Para que esto no ocurra debemos tener en cuenta
ciertas reglas.

No arrojar latas de pintura, aceites, combustibles, insecticidas, etc., a los
cursos de agua, porque con tan sólo un litro de estos productos se contamina
cientos de litro de agua.
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No arrojar desperdicios, animales muertos, a cursos de agua
(ríos, lagos, arroyos, etc.)
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No dejar las canillas abiertas cuando lavamos ropa, vajilla o
simplemente nos lavamos los dientes, porque se derrocha, se tiran litros de
agua, potable a los que no se les da ningún destino.

No darnos baños de inmersión en la bañadera, porque se gasta muchísima más agua
potable que con la ducha. Además el baño de ducha es más higiénico.

No
regar el jardín cuando haya mucho sol o haga mucho calor. Porque de esa manera
el agua se evaporará más rápido. Las plantas no la disfrutarán y será un
esfuerzo inútil. Hay que aprovechar las horas de la mañana o del atardecer.

No olvidarse de cerrar bien
las canillas porque esas gotitas, además de molestas, gastan mucha cantidad
de agua potable, que podemos utilizar para otra cosa más necesaria.
Revisar las instalaciones, canillas, inodoros, tanques de agua, etc. Para
verificar si hay pérdidas. Si las hay, arreglarlas de inmediato para evitar el
derroche de agua.

No usar detergentes, por los daños que produce en el ecosistema. Hay una
serie de productos que se venden y que no hacen mal al medio ambiente, como
detergente sin fosfato, jabón con o sin abrasivos, vinagre y amoníaco que es
un buen desengrasante.
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