Dice María Erbea...
PINAMAR
Pinares, pinares como gigantes,
avizorando un gran mar, nos escoltan el camino, por donde ansiamos llegar.
Nunca más justo es el nombre
con que ya te bautizaron,
playa verde del Atlántico,
desde la loma hasta el llano.
Corre tu Avenida Bunge
amplia, hermosa, pujante
y la saluda un Atlántico,
tan feliz como arrogante.
Una paloma muy blanca,
aquí se quiso quedar, a compartir tu morada
Oh! Señora de la Paz.
Hay que anidar en Pinamar
y aguantar sus vendavales,
a gozar en mansedumbre, cuando desciende la tarde.