CRÓNICAS DEL NEUQUÉN      

¡Hué, ñi Neuquén ayun mapu meu! *

 

 

 

Llegamos a Junín de los Andes una bella tarde de agosto, allí nos estaba esperando el Profesor de Informática del Centro Educativo Integral San Ignacio, Ricardo Rivero, quien fue nuestro anfitrión  ese primer día. Él nos llevo hasta el lugar donde nos alojamos y luego nos trasladó hasta  el citado colegio para hacernos conocer la Institución y la Sala en la que daríamos nuestras clases. La Escuela se encuentra a 15 km. de la ciudad y fue fundada hace veinte años, con el propósito de dotar a la región de un centro que diera formación secundaria con orientación agrícola a sus alumnos. Actualmente la matrícula está formada mayoritariamente por jóvenes mapuches.

El día 27 de agosto comenzamos a dictar el Curso en una Sala  que cuenta con quince PC´s, allí se reunieron 24 docentes de distintos parajes del Neuquén con quienes iniciamos una relación muy cordial que se fue afianzando a lo largo de los días compartidos, mediante el intercambio de  experiencias  vividas como docentes. El tiempo destinado al almuerzo,  que se realizaba en el Colegio, fueron momentos que nos permitieron conocer mejor a nuestros colegas neuquinos y las condiciones en que vive y trabaja un maestro de escuelas de montaña. A través de sus experiencias vimos las  condiciones difíciles y hostiles en que muchas veces se cumple  la tarea de enseñar, luchando contra el frío, la nieve, las distancias y la ausencia de medios de comunicación, -no siempre las montañas permiten el uso del celular y no todas las escuelas tienen radio o, los paneles solares no reciben suficiente luz un día nublado-.

Las anécdotas sobre sus vicisitudes cotidianas en las escuelas de frontera, su ingenio y determinación  nos llenaban de admiración y afecto.

San Ignacio se levantó con el esfuerzo y  sacrificio de  muchos hombres y mujeres que volcaron su imaginación, su esfuerzo y sus ganas de llevar adelante un proyecto para toda la comunidad en la que arraigaron con sus familias.

Como ocurre con no pocos neuquinos provienen de otras provincias, pero ni sueñan con vivir en otro lado que no sea entre estos cerros que suelen amanecer nevados, y la cercana, imponente y blanca cordillera de los Andes, desde donde nos mira vigilante el majestuoso volcán Lanín, símbolo de la Provincia.

A la vera del torrentoso y transparente río Chimehuín se levantan diversos edificios, desde un enorme gimnasio hasta una capilla, viveros, criaderos, talleres diversos, huertas, aulas y dormitorios son prueba de la fe inquebrantable  y abnegación de estos docentes argentinos y de la Fundación Cruzada Patagónica a la que pertenecen.

Como muchas escuelas rurales de alta montaña del país, las clases comienzan en setiembre y se extienden hasta mayo para evitar el aislamiento que producen las nevadas invernales. No pocas tienen albergue para los alumnos. Por eso una semana antes de comenzar su ciclo lectivo estos docentes se hicieron tiempo para realizar esta capacitación.

No podemos olvidar las horas de clase, el buen humor de Salazar y sus bromas, a Marcos Díaz, nativo de la República de El Salvador e ingeniero agrónomo y director de la Fundación Hueche (gente joven), de Las Coloradas a 120 Km. de San Ignacio, a Marita Salguero,  y a la maestra Cristina Quidel, entusiastas miembros de la Fundación que tienen alumnos de 150 Km. a la redonda.

Viajaban todos los días y puntualmente estaban a las 9 de la mañana listos para la clase, con la sonrisa en la cara.

Otros se quedaron en Junín de los Andes pues provenían de sitios más alejados, como Piedra del Águila.

El matrimonio Painemilla, venía con sus hijos.

Sergio Huenuquir (Lagarto del Cielo) maestro de lengua mapuche en San Ignacio e " ilan lonco " (segundo jefe) de la comunidad Painefilu (Serpiente Celeste), compuesta por más de 300 personas. Serio, responsable y callado, se dedicaba con ahínco a la computadora.

Esteban, otro alegre y entusiasta integrante que, como muchos otros, sabía de computación más de lo que reconocía.

Nadie se quejaba, el buen humor y las ganas de trabajar eran lo normal. Así eran todos nuestros queridos colegas-alumnos.

Héroes humildes, felices y desconocidos de la patria,  dejaron un recuerdo imborrable junto con el paisaje de los cerros orlados de castillos y columnas de basalto, vulcanitas que los mapuche denominan "huitralcura" o "huitranche" (piedra parada o gente parada) guardianes de sus sagradas montañas cuyo origen está está en las poéticas leyendas mapuches.

Todos los días hacíamos el camino hacia nuestro lugar de trabajo bordeando cerros, en la falda de uno, una humilde choza de lata y madera tenía un improvisado mástil con una banderita argentina en su extremo ¿La Patria comienza aquí?

El viernes 31  de agosto se hicieron las evaluaciones y en la tarde se entregaron los certificados. Bajo el mástil de la escuela donde ondeaba la bandera argentina, desplegamos felices la bandera del Neuquén y las banderas que se usan en el Nguillatún (rogativa) su color seguramente representan al Sol y al Cielo que fueron traídas por Sergio Huenuquir.

El domingo a medio día  iniciamos el retorno a Pinamar, en Neuquén nos reuniríamos con nuestras colegas del "Equipo Norte"-que mucho tenían para contar-.

Cerros y mesetas de colores rojos, pardos, ocres y verdes jalonaban  las rutas, en la estepa patagónica, donde se recorren kilómetros sin encontrar un alma. Los embalses de las represas hidroeléctricas que escalonan el Río Limay, agregaban el azul profundo de sus aguas que a veces se tornaban esmeraldas en sus inmensos lagos.

En nuestras retinas y en nuestros corazones quedan guardados muchos recuerdos.

¡Fentrén mañu Neuquén!

(¡Muchas Gracias Neuquén!).

                          

                  María Estela y Jorge